Le gustaba pasear por aquellos pasillos, especialmente los de la planta alta, porque además de los escaparates cercanos podía ir a la barandilla y otear las tiendas del piso inferior, podía incluso apreciar los artículos allí expuestos, de aquella forma tenía la impresión de poder ver mas cosas en menos tiempo.
Sin embargo se le empezaba a hacer pesada aquella visita al centro comercial, tenía la sensación de llevar allí años, si bien es verdad que no estaba cansado, tenía una agradable sensación de bienestar, lo que verdaderamente le extrañaba era que las tiendas estuviesen sin luces, sin iluminación, incluso parecían cerradas, pero no, debían ser … No llevaba el reloj, se lo habría dejado en casa, también era extraña la ropa que llevaba, no porque no fuese suya, que lo era, si no porque parecía gastada, descolorida, incluso la camisa estaba desabotonada, realmente es que no había botones, estaban como si la hubiesen abierto violentamente, sobre el pecho se le veían dos grandes manchas rojas, sobre el corazón. Realmente todo aquello no le parecía especialmente curioso, ni siquiera le preocupaba.
Cerca de allí debía estar la floristería que tanto le gustaba y donde compraba, siempre que podía, flores para a Andrea. Pero no, debía estar confundido, porque en el local estaba instalada una tienda de ropa deportivo-aventurero-dominguera tan de moda en los tiempos que corren, - quizás la hayan quitado, las flores no son rentables – pensó.
Siguió avanzando, giró a la derecha y enfiló directo hacia la boutique preferida de su mujer, iba a comprarla aquel conjunto que tanto quería, hoy era su cumpleaños, después iría a casa para celebrarlo. Era inquietante, tenía la sensación de haber vivido ya aquello y también tenía la absurda certeza de que no lograría comprar aquel conjunto y muchos menos llegar a casa.
Llegó hasta la puerta acristalada de la tienda y de pronto se fijó en un hombre en el suelo, poco a poco fue apareciendo ante él una escena en la que el hombre tendido era atendido por un equipo de emergencias médicas, el que parecía el doctor, frotaba dos paletas de reanimación y se las aplicaba sobre el pecho al hombre, cada vez que esto ocurría el notaba un cosquilleo sobre sus manchas rojas, la expresión del médico era cada más angustiada y sus movimientos más desesperados mientras realizaba un masaje cardiaco.
No podía seguir viendo aquello, además, le dolía el pecho y le picaban las manchas rojas, se dio la vuelta y se dirigió hacia un vigilante que parecía no ver la escena, ni siquiera parecía verle a él, mientras, estaba hablando por el walki.
- Vosotros reíros de mí, pero cada vez que estoy de turno de noche, cuando paso por delante de donde la palmó aquel tío me da un mal rollo...
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